
Y se fundió el azul del cielo
con la profundidad del mar.
Dando la vuelta a las estrellas,
me detuve a admirar la finura
de los tiernos detalles grabados en tu piel.
Aún no se si era tu aroma
o el calor de mis manos acariciándote,
tal vez la delicadeza de tus suspiros
o la potencia de mis sentidos acelerados
lo que no me permitió tenerte
y me obligó a solo entregarme.
Tu voz como caricia del viento en mi rostro,
tus manos como firmes amarras de un velero,
abrigan mi piel con delicados roces
que me hacen perder la noción del tiempo
y me hacen aflorar los más dulces sentimientos.
Aún no se si lo soñé,
al parecer sigo soñando...
Ciertamente tu eres la mujer que estaba buscando.





