
He caminado todo el día, pensando un millón de cosas distintas, esperando justo este momentos en el que la oscuridad de la noche me envuelve y el silencio que ensordece me esconde del resto de los mortales, y así puedo deleitarme con el manjar de mis pensamientos. Ese pensamiento secreto que no mezclo con el resto de lo cotidiano, que no tiene que ver con mis proyectos y que no me gusta interrumpir con nada.
Ese pensamiento tiene cabello lacio, con el cual me cubro la cara, y su piel es como seda muy fina que me abriga y me acaricia a la vez. Este pensamiento me seduce sin desearlo y me hace desearlo hasta mis tuétanos.
Sus labios susurran palabras que destilan miel en mi interior y su olor... Su olor es como bebida embriagante que me hechiza y me desata.
Tomo mi pensamiento y lo recorro lentamente sin perderle detalle. Cierro mis ojos y juego a imaginarle, a disfrutar su contacto, a dejarme invadir por su iniciativa siempre cambiante.
El toque de sus labios es una canción delirante, que hace ataduras en mi alma, pero estaría loco para intentar escapar. Me posee y me dejo poseer, soy suyo y mi pensamiento es mío. Nadie puede separarnos porque lo llevo incrustado en lo más profundo de mi ser, escondido donde solo yo puedo encontrarle y disfrutar de él.
Su rostro es mi ángel, es encantador, es un as de luz clara envuelto en delicados pétalos de rosas blancas y detallitos de canela; su mirada me llena de paz y podría pasar horas embebido en sus encantos, sin necesitar nada más en mi vida que seguirle mirando.
Esta noche deseo abrazarme a su cintura y recostar mi rostro en sus senos, oír los latidos de su corazón y contarle que le amo como no sabía que podía amar, pero no lo puedo expresar en castellano o lengua terrenal. Ya casi me quedo dormido y te guardo en mi pecho para otro día dejarme enamorar por tí. Y te pienso y te pienso... Pensamiento.
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