
Una noche más ahogado en mis sentimientos, esclavo de mis deberes. Cómo puedo detener esta fuerza que se abraza a tu recuerdo y solo vive para estar junto a tí, es mi vida que se encuentra entregada a otro corazón, la que me reclama tu presencia y me convence que no puedo vivir un segundo más sin tí.
Son estos, mis compromisos los que me detienen, con esa mirada de seguridad de quien todo lo domina. Deseo precindir de ellos, pero la verdad es que para tenerte a tí amor mio, de ellos soy esclavo.
Tu amor es la única verdad que entiendo y todas las fuerzas de mi ser apuntan hacia ese lugar del universo en donde nuestros cuerpos intercambian su calor y nuestras almas se contemplan una a otra en total espectación de amor.
Ella es mi precioso anhelo, mi más puro y decidido amor, la rosa de mi alma, el sueño de mis sueños; con quien un beso basta para conquistar los cielos y retar en vuelo a la más diestra de las aves de la tierra. Ella es el lucero más hermoso de la mañana, la más fulgurante de las luces del alba... Una sonrisa de su boca, es más preciosa a mis ojos que perlas de un costoso collar.
Estas, cadenas detestables pero necesarias, verdugos egoístas de un prisionero sometido por amor y atado a fuerza de necesidad. Inquebrantables e inmóbiles me contemplan en cada jornada de mis días, sabiendo que me son indispensables, pero que junto a ellas no deseo estar.
Y aquí estoy otra vez, con mis manos en el arado y mi corazón a tu lado, buscando el más pequeño espacio en mi mente para jurarte mi amor en este día y por otros millones más. Soy solo un ser humano que se divide interiormente entre las pasiones de su alma y los deberes de su realidad, sabiendo que mi amor yace al otro lado de este momento, listo para hacerme arder en sus encantos, esos mismos que se hacen miel en mi recuerdo hasta que en tu presencia pueda volver a estar.
Te pienso y te sueño, te escucho y te recuerdo, tan distante soy tan tuyo, como el mar lo es de la radiante luna, a quien somete el tierno vaivén de sus olas una vez y otra vez más.
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