
Hace unas horas alguien me pidió escribir de la soledad, pero sin saberlo, avivó el deseo de escribirte, no de ausencias, sino de necesidades.
Te necesito y necesito recobrar esa pureza que sentía en un principio, la delicadeza que me urgía estar a tu lado, la bondad que ahogaba mis sentimientos de niño enamorado. Te necesito simplemente así.
Deseo renunciar a lo complejo de este mundo, a las preocupaciones que rondan a diario, a la inseguridad de poder perderte, a todo eso que asalta mi a mente y solo trae sufrimiento, dolor y ansiedad.
Hoy deseo acurrucarme en tu pecho y no pensar en si me puedes o no hacer daño, amarte sin fronteras o divisiones pre-establecidas. No deseo cuidarme de tí, no deseo cuidarme de tí.
El miedo es la justificación de los cobardes y el amor es un acto de valentía. Yo decido amarte con todo lo que soy y lo que tengo, lo que sueño y lo que espero. Yo te amo y te amaré, como me amo a mí mismo, sin engaños, ni limitaciones, con virtudes y defectos, sin escatimar esfuerzos, sin esperar que hagas lo que yo, sin esperar que entiendas como te amo.
Que bueno es volver a escribir, que bueno es ser libre para amar.
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