
Era un lunes como cualquiera y mami y yo teníamos que ir al doctor, caía una lluvia atroz, asi que decidimos encontrarnos en el consultorio médico para ahorrar tiempo... Debíamos estar allí a las 11 de la mañana. Yo tomé un taxi para no llegar tarde y mami no tardó en aparecer, con su sonrisa de angel y esa luz que portan sus ojos cuando trata de expresar paz y felicidad.
Nos atendieron casi de inmediato, mami entró y yo me quedé fuera leyendo unas revistas y curioseando diseños para tomar ideas en mi trabajo... Pasaron 20 minutos más o menos y ella junto al doctor cambiaron de consultorio... mami me llamo y me pidió que le acompañara.
En el otro cuarto había una pequeña camilla donde mami se acostó y el médico encendió la pequeña maquina de ultrasonido. Yo estaba de pie, ansioso, nervioso, tratando como siempre de parecer sereno, sin saber todo lo que en segundos pasaría por mi corazón y en que magnitud me cambiaría la vida.
El médico puso una gel sobre la panza de mamá y pasó el escaner por primera vez... y en el pequeño monitor blanco y negro del ultrasonido apareción un pequeño ser humano, lleno de vida que casi daba la impresión de saludar... Era mi vida, mi ilusión, vista por primera vez... Se movía delicadamente como si supiera que era observado. En los ojos de mamí solo había amor y ternura... y en su voz un romance como no lo escuché jamás. Pero el doctor le pidió a mami que fuera a orinar, pues tenía la vejiga llena de líquido.
Pasaron algunos minutos más y ella volvió a acostarse en la pequeña camilla, se veía feliz y hermosa, llena de luz. El médico volvió a poner gel sobre su vientre y el monitor volvió a mostrar a esa delicada criatura que antes nos parecía saludar.... Ahora poco a poco por encima de este bebe se mostraba una sombra más... mirando al monitor fijamente el doctor nos preguntó: ¿Saben que es eso? No era necesaria ya la respuesta... Dios nos había regalado no uno, sino, dos angeles...
Mi corazón se llenó de tantas cosas que aún no logro asimilar. Felicidad, dicha, amor, miedo, ansiedad, ternura, gratitud a Dios... ganas de gritar... Nunca antes he sentido cosas tan bellas de tanta magnitud, lo que sucedió después, ya no importa tanto como haber visto a mis hijos por primera vez... LOS AMO Y POR SIEMPRE LOS AMARÉ... TODA MI VIDA Y MÁS ALLÁ DE LA MUERTE.
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