martes, mayo 29, 2018

CARTA A JUAN PABLO ANDRADE ARROCHA


Hola hijo mio
Mi amado Señor Juan Pablo

Te cuento que cuando tu madre me dijo que estaba embarazada, pasé varias semanas enojado con ella. En mi vida ya habían tres niños pequeños que demandaban mucho tiempo y esfuerzos, yo sentí que ya no lograría dar más. Mi vida parecía un saco de tareas por cumplir entre pañales y biberones que preparar, pero más allá de todo eso, te confieso que yo tuve miedo.

Tuve miedo de no poder más, de no ser capaz con tanta responsabilidad, miedo de muchas cosas que solo un hombre experimenta sin poder describirle con palabras. Tuve miedo, pero tu fuiste valiente y fuerte.

Cuando naciste, tu madre casi muere, ella sufrió mucho, pero como ella tiene dos ángeles de la guarda en vez de uno, sobrevivió para amarte. Las primeras impresiones de las enfermeras que te cuidaban en el hospital es que eras comelon y de pulmones muy fuertes. No te dejaban llorar porque cuando lo hacías despertabas a los demás niños.

Y llegaste a nuestras vidas, con un carácter fuerte e indomable, pero poco a poco nos dejaste ver el corazón tan tierno y dulce con que te premió El Altísimo. Siempre que pienso en ti, lo he hecho como un toro, de aspecto fuerte, orgulloso e imponente, de furia imparable y firme en tus resoluciones, pero noble, sensible y muy generoso.

La tierna manera que tienes al mirarme y la melodía de tu voz cuando me dices papá son cosas que me llenan el alma y la vida. Estoy orgulloso de tí pequeño mio, estoy orgulloso de la pasión que pones en todo lo que haces, en el generoso corazón que has desarrollado. Tu eres fuerte y un hermoso regalo que Dios me dio cuando no estaba preparado.

Te amo hijo mio, te amo con mi corazón, mi alma y todo lo que soy, te llevo siempre en mis pensamientos, en mis oraciones y en mi corazón. Se fuerte, yo siempre deseo estar a tu lado.
Yo no soy el mejor de los padres, pero tengo a uno de los mejores hijos.
Te amo y cada vez que tu amor reclama mi presencia, mi corazón se parte al no poder darte lo que me pides, porque deseo estar contigo, pero he sido un idiota que tomó un rumbo contrario a su corazón por aceptar una batalla en la que no hubo ganadores.

Dios te bendiga hijo mio,te conceda un corazón puro y la generosidad necesaria para responder a su voz, cuando el te llame por tu nombre. La Santísima Virgen llene por sus oraciones, tu corazón de paz y amor, y que su maternidad jamás te falte. Yo soy tuyo aún en la distancia y en el silencio. Te amo.

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