No se cuando leerán estas líneas y para cuando lo hagan no se si serán ya necesarias.
Pero deseo dejar plasmado mi sentir en este día, aportando los sentimientos existentes en mi corazón hoy, cuando todo es muy fresco para mí.
En la navidad del 2015 su vida comenzó a cambiar, tomando giros que poco pudieron ustedes notar, pero que no eran ustedes capaces de detener.
Yo inicié una secuela escalada de errores y decisiones que para hoy, 29/05/2018 han destruido totalmente lo que ustedes conocieron como su familia.
Muchas líneas se pueden escribir sobre porque sucedió todo esto y que medidas lo complicaron más, pero la realidad es que yo fui culpable desde mucho antes de que todo empezara.
A ustedes les debo una explicación profunda, pero su edad no me permite saber cuanto ustedes puedan asimilar, por lo que escribo hoy esperando que lo lean en algunos años más.
Yo soy culpable de no haberme convertido en un proveedor adecuado de nuestra familia, siguiendo mis ideales y sueños, perdí el tiempo buscando la manera de crear una empresa que les hiciera sentir orgullosos de mi y de ser parte de esta familia tan hermosa que Dios nos regaló. Jamás logré nada, solo perdí mi tiempo y los roles de nuestro hogar cambiaron a tal punto de que su madre llevaba la carga pesada, mientras yo jugaba a ser emprendedor. Con el tiempo, creo que yo perdí el respeto y la admiración que alguna vez su madre me tuvo, y eso a mi no me hizo nada bien.
Yo soy culpable de dejarme apartar como cabeza de familia en la toma de decisiones, colocándome muchas veces en situaciones que no me fueron gratas y perdí el control de mi familia. Muchas veces los caprichos de personas fuera de nuestro hogar fueron determinantes para ustedes, totalmente contrarias a la manera que yo deseaba educarles y me aparté en silencio. Sinceramente, no supe que hacer. Fui desplazado y yo me dejé desplazar. Eso me hacía muy, muy infeliz y no hice nada para cambiarlo.
Yo dejé de mirar mi vida desde Dios y mi fe, empecé a buscar eventuales satisfacciones a mi situación que cada día me alejaron más de mi ideal de familia, de su madre, de ustedes, mis amados. Juegos online, películas, conversaciones interminables con amistades en otros países, son solo algunas de las cosas que ocupaban mi tiempo cada día. Se convirtieron en mi droga, en mi modo de evadir mi infelicidad y mi pobreza interior. Me sentía menospreciado, solo, inútil, dependiente, enojado y triste, normalmente muy ansioso por encontrar esa solución efectiva y casi mágica que me permitiera tomar el control de mi vida, pero solo era opio en mi mente.
Ser padre siempre fue mi sueño, pero que ustedes se sintieran orgullosos de mí era mi constante afán. No se que tanto lo logré, pero si sé que cada día lo conseguía menos.
Pasé mucho tiempo enojado conmigo mismo, mucho tiempo extraviado y la vida familiar era algo que amaba, pero donde peor me sentía. Llegué a sentirme sin ganas de regresar esa casa donde ustedes vivían y eran felices con poco y en donde yo no daba nada. Fuera de ustedes cuatro, ya nadie me esperaba.
De momento tuve un mejor trabajo y me dejé envolver por amistades con otras maneras de pensar y con valores diferentes que despertaron mi curiosidad y desviaron mis intereses. Era más solvente económicamente, tenía más libertad y ganas de conocer nuevas personas y participar nuevas experiencias.
Yo vivía en casa de mis hijos, pero ya no tenía un hogar. Estaba casado pero no tenía un matrimonio. Era católico, pero ya no tenía Dios, tenía futuro, pero ya no tenía sueños, mi compañera de sueños ya no soñaba conmigo, ni para mí, estaba enfocada en sus propias metas y todo fue culpa mía.
Cuando yo me casé, les juro mis niños que yo soñé con un amor hasta la muerte, con una vida hermosa mirándoles crecer, mirándoles como hombres y mujeres de bien. Soñé siempre con gritar en sus graduaciones: ¡Ese es mi hij@ coño!
Siempre me sentí orgulloso de ser su padre y creo que dí lo mejor de mí para ser un esposo ejemplar y dedicado, pero mis sueños se perdieron de camino o me los sabotearon, no estoy seguro, pero no supe como recuperar lo que por derecho era mío, lo que Dios me había regalado.
Su madre siempre deseó un hombre que la representara y yo jamás estuve ni cerca de eso. Me convertí en un fracasado con bonitos sueños de opio. Fui cobarde e ignorante, un iluso.
Hice amistad con personas vacías y sin sueños, pobres de almas y de pocos logros, no porque me gustaran, sino porque allí yo me sentía con algo de ventaja. El amor por su madre se perdió poco a poco cuando dejé de esperarle cada día debido a sus prolongadas ausencias y a estilos de vida distintos. No se si ella se enteró, pero ella tampoco supo que hacer y yo me alejé más.
En el último año antes de ese diciembre, retomé uno de mis grandes amores, la catequesis, como medio para aferrarme a Dios y volver a sentir satisfacción de mi vida, pero poco sirvió. La vida parroquial era de luchas, envidias y bajezas, era mejor estar afuera que estar dentro. Yo me esforzaba por ser bueno, pero cada vez yo me lo creía menos.
En los meses siguientes conocí a una hermosa mujer de sonrisa bonita y conversaciones interminables que jugaba a coquetearme y despertó mi interés. Pasaron los días, la semanas y los meses y tal interés se convirtió en un amor intenso que llenó mis vacíos, pero no superaba mi deseo se estar con mi hijos y soportar mi vida gris en lo que antes era mi hogar. Mis tardanzas ni siquiera fueron notadas, cada quién estaba con quién amaba.
En el mes de enero su madre y yo discutimos, yo toqué el tema de irme de casa, lamentablemente ella hizo lo que normalmente hacía cuando discutíamos; desafiarme. Literalmente me abrió la puerta y me empujó a salir. Confieso que en un primer momento no tenía intención de irme, pero yo no daría un paso atrás. La primeras noches me acostaba llorando, queriendo estar con ustedes,pero el orgullo y el enojo pudieron más. Me mudé con la dama que conocí antes, a los pocos meses, y con ella viví esa vida de pareja que solo tenía en mis sueños. Me esperaba siempre arreglada y despierta, me cocinaba, me cuidaba, hablábamos largas horas y en su mundo yo era su rey y su señor.
Los meses siguientes fueron muy complicados para mí, tratando de manejar dos vidas, dos amores, quería ser su padre con toda mi alma, pero estaba haciendo exactamente lo contrario lograrlo. Mi felicidad era por ratos y siempre se esfumaba con facilidad. Aunque sonriera, recordaba sus voces y sus rostros y mi sonrisa se desvanecía del todo.
Las cosas no se supieron manejar entre su madre y yo. Creo que ella no tomó la crisis en serio en un principio y menospreció los hechos, luego el dialogo se transformó a amenazas y episodios de ira, por último pasamos a los ruegos y a las súplicas que ya no valían nada, ella me había perdido mucho antes de salir de casa. Simplemente, su versión de familia estaba muy distante de la mia, al igual que su definición de esposa y esposo, ni hablemos sobre la definición de matrimonio. Yo debí hacer algo, pero solo compliqué todo para ustedes.
A mi me ha tomado muchísimo tiempo discernir lo más objetivamente sobre los hechos ocurridos y mi responsabilidad en cada uno de ellos. Yo tenía que ser su padre, su maestro, su sacerdote, su rey, la cabeza de su familia y no supe como lograrlo. No puedo cansar de pedirles su perdón. Nada de lo que he descrito justifica mis actos, soy responsable, soy culpable y llevo a mis espaldas el peso de mis errores.
Dios me de vida para pagar mis pecados y les de a ustedes sabiduría para evitar semejantes males.
"Por el amor a una rosa el jardinero es esclavo de miles de espinas" Poesía, historias y reflexiones de un mortal cualquiera que comparte sus alegrías, amores, tristezas e ilusiones.
miércoles, mayo 30, 2018
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