Mi Señor Daniel
Usted, el dueño de mi vida, la luz de mis ojos, el orgullo de mi alma.
Cuando pude tenerte por primera vez en mis brazos, sentí mucho miedo de no ser digno de ti. Tenía temores, no sabía ser padre y tu eras un ángel venido del cielo. 10 años después, sigues enseñándome a cerca de Dios y de la vida, eres esa voz que amo y que deseo obedecer por el resto de mi vida.
Te has convertido en un hombrecito muy hermoso y mi corazón se deleita imaginándote crecido, convertido en un hombre de bien, con el alma llena de virtudes y esa dulce mirada que todo lo ilumina. Daniel, desde siempre te soñé, pero jamás pude imaginarte tan perfecto.
Si tu me dejas, deseo ser tu amigo, tu guardián, tu consejero y cuando mis ojos se apaguen por el peso de los años, sea tu mano la que guíe mis pasos y dé tu voz vida a mi corazón. Te amo mi Señor Daniel y esté donde esté, te pienso, te sueño, te extraño.
Gracias por cada abrazo que me regalas, significan mucho para mí.
Orgulloso de ti.
Irving Daniel Andrade
"Por el amor a una rosa el jardinero es esclavo de miles de espinas" Poesía, historias y reflexiones de un mortal cualquiera que comparte sus alegrías, amores, tristezas e ilusiones.
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