¿Cómo explicarte que no todos somos iguales? ¿Cómo explicarte que no cruzas el mismo río dos veces?
¿Cómo explicarte que los árboles no te dejan ver el bosque?
¿Cómo explicarte que tus palabras matan lo que tu corazón ansia ver nacer?
¿Cómo explicarte que en estas líneas se esconde el más tímido y doloroso adiós?
Pequeña avecilla que llegaste una mañana a mi ventana, me enamoraste con tu canto y me hiciste soñar al punto de creer que fuera posble de que conmigo te quisieras quedar.
Pero tonto yo que endulzado por tu sonrisa, olvidé de forma imprudente que soy un sencillo cuenta cuentos y tú, preciosa brisa de otras alturas.
Pensando en tí, se llena mi alma de flores, de aroma y color, ensayé mi mejor sonrisa y desafié al abismo más profundo, pero tu no lo notaste porque tus ojos simplemente están en bellas estrellas fuera de este mundo.
Puede ser que no supe tocar tu canción. Puede ser que invitándote a mi corazón, nunca te interesó pasar. Puede ser que estándo capacitado, me mostré incapaz. Puede ser que en tus palabras encontré murallas que no pude saltar.
Otra vez te dejo ir pajarito azul. Otra vez abro mis manos y te veo escapar cuando creí que hacías nido en mí. Esta vez no hay lágrimas, pero si el mismo vacío de ayer. Ocasiones sobrarán para verte otra vez.
Camino hasta la orilla del mar para darme cuenta que aunque el sol es el mismo, los atardeceres no son iguales.
Alcanzo a la muerte para ver que la vida la hacen los años, y estos son hechos de cortos días, cuando cada segundo es una bendición.
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